
En el corazón de la provincia de Segovia, erigiéndose majestuosamente sobre una peña y rodeada por profundos cañones, se encuentra la villa medieval de Sepúlveda. Declarada Conjunto Histórico-Artístico y catalogada como uno de los pueblos más bonitos de España, esta localidad no es solo un museo al aire libre de arquitectura románica, sino también la puerta de entrada principal a uno de los ecosistemas más impresionantes de la península ibérica: el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón.
La ubicación estratégica de Sepúlveda, a menos de una hora y media de Madrid y a escasos 55 minutos de Segovia capital, la convierte en el epicentro del turismo rural y de naturaleza en la zona centro. Este enclave ofrece una simbiosis perfecta entre patrimonio cultural y biodiversidad, permitiendo al visitante transitar desde calles empedradas cargadas de siglos de historia hasta senderos naturales que serpentean junto al cauce de ríos milenarios.
Entre la vasta oferta de senderismo que ofrece la región, la Ruta de los Dos Ríos (Senda de los Dos Ríos) destaca por su accesibilidad, belleza paisajística y riqueza monumental. Se trata de un recorrido circular de aproximadamente 5,4 kilómetros, con una dificultad baja-media y una duración estimada de una hora y treinta minutos, ideal para realizar en familia o grupos de amigos. Este sendero es único porque no exige desplazarse a lugares remotos para comenzar; su punto de partida se sitúa en el mismo núcleo urbano, fusionando la experiencia urbana medieval con la inmersión natural.
El itinerario comienza oficialmente en la Casa del Parque (antigua Iglesia de Santiago), dirigiéndose hacia la emblemática Plaza Mayor de Sepúlveda, el centro neurálgico de la villa. Desde allí, el caminante se adentra en la historia a través de la calle de la Barbacana. Este primer tramo urbano es un preludio arquitectónico que culmina en la imponente Puerta del Ecce Homo, uno de los accesos medievales mejor conservados de la muralla.
Al cruzar este umbral histórico, la ruta asciende por la calle de los Santos Justo y Pastor. El esfuerzo de la subida se ve inmediatamente recompensado al llegar a la Iglesia de la Virgen de la Peña, un templo románico del siglo XII que alberga a la patrona de la villa y su comarca. Justo detrás del edificio se encuentra uno de los miradores más espectaculares de la región: una atalaya natural que ofrece vistas vertiginosas sobre las primeras hoces del río Duratón, permitiendo observar el vuelo majestuoso de los buitres leonados, los verdaderos reyes del parque.
Tras deleitarse con las vistas desde las zonas altas, conocidas geológicamente como « lastras », el sendero invita a descender hacia el cauce fluvial. El camino atraviesa la histórica Puerta de la Fuerza, una estructura defensiva clave en el pasado militar de la villa. A partir de aquí, el terreno cambia, y el visitante desciende siguiendo el trazado de una antigua calzada romana, pisando las mismas piedras que han conectado el valle durante milenios.
Este descenso desemboca en el Puente de Picazos, un punto crucial donde se cruza el río Duratón. Aquí, la perspectiva se transforma radicalmente: de las vistas aéreas del mirador se pasa a la frondosidad del bosque de ribera, caminando bajo la imponente presencia de las paredes calizas del cañón.
La ruta continúa por la margen izquierda del río, remontando el curso del agua. Es en este tramo donde la naturaleza se manifiesta con mayor exuberancia. Tras superar un pequeño repecho, se accede a la pasarela del I.C.O.N.A., que regala una de las panorámicas más fotogénicas y singulares del desfiladero. El camino no se aparta del agua, pasando junto a la antigua presa de la Fábrica de la Luz, un vestigio de la arqueología industrial de la zona, hasta llegar al Puente de Talcano.
El recorrido prosigue hacia el encuentro con el segundo protagonista fluvial: el río Caslilla. En este punto, cerca de una zona de aparcamiento, se debe prestar atención a unos peldaños de piedra a la izquierda que permiten rodear la curiosa formación geológica conocida como la Silla de Montar a Caballo, una escultura natural esculpida por la erosión a lo largo de los siglos.
El tramo final de la ruta implica un suave descenso hacia el río Caslilla, cruzándolo a través del bucólico Puente de Palmarejos. Desde la ribera, comienza una ascensión pausada por la ladera que devuelve al visitante a la civilización. El reingreso a la villa fortificada se realiza a través de la Puerta del Castro y, posteriormente, la Puerta de Duruelo. Estas antiguas entradas guían al caminante de vuelta al punto neurálgico, la Plaza Mayor, completando un círculo perfecto que ha permitido viajar a través del tiempo y la geografía segoviana.
Sepúlveda merece mucho más que una visita fugaz. La verdadera magia de esta Villa medieval se revela cuando el sol desciende y el silencio de las Hoces del Río Duratón envuelve sus murallas. Decidir dónde dormir en Sepúlveda es la clave para transformar una simple excursión en una experiencia inmersiva, permitiéndole vivir la atmósfera dorada del atardecer y la serenidad de sus mañanas.
La oferta de hospedaje en la zona destaca por su autenticidad. Lejos de lo convencional, los establecimientos han rehabilitado antiguas casonas nobiliarias donde la piedra vista, las vigas de madera y el fuego de la chimenea crean un ambiente de elegancia rústica. Es el refugio perfecto para el viajero que busca confort absoluto tras una jornada de senderismo o avistamiento de aves en el parque natural.
La ubicación es un factor determinante para disfrutar de la experiencia completa. Los mejores alojamientos se sitúan estratégicamente en el casco histórico o en miradores naturales, ofreciendo una tranquilidad difícil de encontrar en otros destinos.
Al elegir dónde alojarse en Sepúlveda, el viajero se asegura el privilegio de despertar con vistas panorámicas a los cañones y a las iglesias románicas. Esta cercanía permite disfrutar sin prisas de la exquisita gastronomía local —con el lechazo asado como protagonista ineludible— y regresar caminando bajo las estrellas a su habitación. Ya sea en un hotel con encanto o en una estancia más privada, dormir aquí garantiza un descanso reparador rodeado de historia y naturaleza.
La oferta de hospedaje en la zona destaca por su autenticidad. Lejos de lo convencional, los establecimientos han rehabilitado antiguas casonas nobiliarias donde la piedra vista, las vigas de madera y el fuego de la chimenea crean un ambiente de elegancia rústica. Es el refugio perfecto para el viajero que busca confort absoluto tras una jornada de senderismo o avistamiento de aves en el parque natural.
No deje que se lo cuenten; viva la experiencia de amanecer frente a las Hoces del Duratón. Asegure su estancia en este enclave único y disfrute del descanso que solo Sepúlveda puede ofrecer.